-  CARLOS -  PABLO -  ALBERTO -  LUIS -  FERNANDO-  WENCESLAO -  RAFAEL -  HUGO -

Wenceslao Serra Hamilton


Al pié de la página del 30 de enero de 1915, está la nota de Selina:
"1915 A las tres y media del día, nació Wenceslao Pedro Javier Serra Hamilton"

Nueve días después, el 8 de febrero, es bautizado:
" ... en la Concepción (nueva) Madrid, Wenceslao Serra Hamilton, padrinos Félix Herrero Velázquez y Carmen Hamilton Monteverde"

El sexto de los serras, Wenceslao, fue una criatura sonriente desde el momento mismo de su nacimiento y eso que era el sexto de los ocho hermanos, lo que ya suponía un peligroso handicap, con cinco hermanos mandando y algunos menos atizando al pequeño, que para eso lo era, al menos durante un buen tiempo, por lo menos hasta hasta que apareció Rafael y después llegase el verdaderamente pequeño de la familia: Hugo.

Selina, toda una matrona, con dos los últimos, por el momento, Rafael y Wenceslao



  

  

En cuanto crezca un poco, Wenceslao va a demostrar, sin proponérselo, que es una persona encantadora en todos los aspectos y una buena mejor prueba de su constante buen humor y de sus ganas por compartirlo, está en estos dos chistes que dibujó, tan escolares,y que se publicaron en la "Revista Calasancia" de 1929, cuando estaba en 4º año.

  

  

Una visión tan sintética como esquemática
del circo, con tres pistas a la vista,
en la que cuenta al espectador todo lo que
más le gusta: trapecistas, equilibristas,
forzudos y malabaristas. Desde luego,
no se puede pedir más.

  

Y sigue dibujando toda su vida,
tratando especialmente de hacerlo
con su excelente humor y con
mucho estilo, como esta ilustración
de 1932, a los 17 años.

  
  
  

Cinco años después, en plena guerra, refugiado en la Embajada de Turquía, Wenceslao sigue dibujando viñetas inocentes para el periódico que allí hacían, evitando producir incidentes diplomáticos a la legación que les daba asilo.

Mr.GRAMO.- Anda, mueve pronto.
x Von RAMONOFFMANT.- Pero hombre
¿cómo quieres que mueva la torre de-pisa?

x Ramón Milans del Bosch y yo.

EL REY A LA REINA ¡¡Alfil solos!!

  
  

Finalmente, Wenceslao tiene suerte y consigue, con muchos de sus compañeros, ser evacuado al puerto de Valencia, para ser llevado por las autoridades turcas a una zona junto al Mar Negro, en donde deberán quedar retenidos hasta el fin de la guerra.

Este documento da fe de la entrega "de 135 pesetas como anticipo por los gastos de transporte de Madrid a Valencia, con motivo de la evacuación, con arreglo a las normas de evacuación establecidas por esta oficina, con fecha de 20 de abril."

  
  

Y a Valencia se marchó y allí embarcaron, pero la cosa es que al pasar frente a las costas de Sicilia, ver las luces de Siracusa fue demasiada tentación y, sin pensárselo mucho Wenceslao y otros cuantos, se lanzaron al mar y se fueron nadando hasta dar con la costa siciliana.

En este mapa, está en línea punteada roja el trayecto completo que deberían haber recorrido, pero la línea amarilla muestra lo que realmente recorrieron, hasta que decidieron "bajarse en marcha".


Siracusa tiene el único puerto natural de la costa este de Sicilia, de ahí su importancia en la historia clásica.

Las autoridades de la isla les recibieron con todos los honores, hasta tuvieron una fiesta en su honor, con bebida y comida abundante, música y baile, pero eso sí, como era Sicilia, solo baile para hombres.

Bailar, no bailaron mucho, pero comer, beber y reir sin tasa, eso sí que lo hicieron estos insensatos, inmediatamente apuntados como voluntarios para volver a España.

Wenceslao tuvo que delarar el dinero que llevaba (un billete de quinientas pesetas) y aquí está la prueba documental, la declaración firmada y sellada de la entrada de divisas, tal vez lo único legal de un viaje de evacuación a Turquía que no quisieron completar.

  
  

  
  

Total, que en mayo salió de Valencia y en junió regresaba a Cádiz desde Siracusa, a bordo del del piroscafo  Gradisca del Lloyd triestino, un veterano vapor de 14.000 toneladas, construído en 1913 en Holanda que además de ser barco hospital, traía voluntarios italianos a las filas nacionales.

El Gradisca tuvo un papel muy importante en el salvamento de algunos de los pocos marinos que pudieron salvar su vida en la batalla del cabo Matapán contra la flota inglesa, el 29 de marzo de 1941.

En aquella terrible noche, más de tres mil marineros perdieron su vida. Tras el armisticio del 8 de septiembre de 1943, los alemanes se incautaron del Gradisca en el puerto griego de Patrasso, superviviente de 77 travesías llevando a más 80.000 heridos y enfermos.

  
  

  
  

Tras un período de entrenamiento en Castellón, el soldado Wenceslao se va al frente y así se ve él, con su inseparable acordeón y un aspecto muy peculiar, alto y más delgado de lo aconsejable.

 

Los cuatro Serras más jóvenes están incorporados a filas, en Infantería Wenceslao, en Marina Hugo, en Aviación Rafael y en Sanidad Luis, y así se ve Wenceslao a solas y con ellos.

  

  

  

Y LLEGÓ LA PAZ...

Sigue movilizado pero ya es solo un veterano, un soldado más en aquellos años de larguísimos servicios militares, porque aunque era tiempo de paz en España, el mundo empezaba a ver el comienzo de otra guerra mundial, que iba a ser aterradora.

  

  

El uniforme ya es casi un recuerdo de otros tiempos y, terminada la contienda, es hora de empezar a pensar en otras muchas cosas, o pocas pero importantes, porque la vida no solo sigue sino que se presenta bastante difícil, aunque a los que han pasado por las trincheras esto de poder pasear sin temor y vivir sin horarios ni toques de corneta es casi un sueño.

  

  
  

Y llega también el verano del 39, con calor, moscas, largas siestas y buena compañía, con mucho tiempo para gastar y muchas más ganas de disfrutar la vida y la recuperada juventud.

Está claro que ha llegado la hora de buscar pareja, que en el año 1940 Wenceslao va cumplir 25 años y esa es toda una edad de sentar cabeza y comprometerse con una chica como Dios manda.

Bueno, pues tuvo también suerte en esto de echarse novia, una mujer de una pieza y para toda la vida, de las que quedan pocas, palabra, que por si fuera poco, parecía estar hecha a la medida de su sueños y de su amor y ¡vaya si lo estaba!.

  

  

  
  

Era una jerezana residente en Madrid, pizpireta, cariñosa, animosa, dispuesta, fina y alegre de toda alegría. Era tan esbelta como él, pero no tan alta, como es natural, y tenía todo lo que Wenceslao podía soñar y eso que soñaba muy fuerte, a lo grande.

Era Clotilde Ruiz Moreno, Ticu  para parientes y amigos.

Todo era perfecto, salvo una cosa: no poder jamás bordar sus iniciales en las toallas o en la ropa de cama, era imposible hacerlo y mantener la dignidad porque se hubiera leído WC por Wenceslao y Clotilde. Al menos esta era la pega que ponía siempre tío Wenceslao a todos sus sobrinos, para que lo pasáramos todavía mejor, que era lo que de veras le importaba.

  

  

  
  

Empezó el idilio, con largas esperas a la luz de la farola de la calle de atrás. Y por mucho que se espere, el rato que pasan juntos es cada día mejor, o casi. Los domingos todo el día juntos, Menos mal que el Retiro está ahí mismo, a un paso, porque van a ser unos cuantos años de noviazgo, como lo eran entonces todos noviazgos, ahorrando el novio y preoparando el ajuar la novia, pensando en el piso que quedaba tan lejano (siempre lo mismo) pero no importaba la espera, porque estaba llena de ilusiones.

  

  

  
  

Y los sueños de día se unían con los sueños nocturnos y todo era ilusión y dulce espera, aunque fuera de años, de bastantes años. Ticu y Wenceslao esperaron seis enteros, hasta junio de 1946 y eso era lo normal. Desde luego si la relación había perdurado durante todo ese tiempo, la fortaleza del matrimonio estaba asegurada.

En octubre de 1944, Wenceslao se dibujaba así en su cuarto, dando las buenas noches a su amor.

  

  

  

  

Siguiente capítulo: Wenceslao se casa...